Todo comienza una noche de febrero después de haber sufrido días atrás la catástrofe de varias ciclo génesis explosivas, el tiempo nos da una tregua y nos pone en bandeja una noche plácida para practicar el running. Como siempre comenzamos con nuestro ritmo charlatán donde nos permite compartir la actualidad del día, impresiones sobre liadas arbitrales, futbolistas que parecen tener más edad de la que dicen, pero sobre todo reírnos que es lo único que nos mantiene en una actitud distendida y olvidarnos de los problemas que nos acechan cada vez que escuchamos las noticias. Es el único momento donde nos prestamos más atención a nosotros mismos, donde escuchamos la respiración acompasada y nos evaluamos constantemente para verificar que todo está en orden y que podemos seguir adelante con la carrera. En definitiva nos vamos conociendo más y descubrimos que habilidades o defectos tiene nuestro cuerpo.
Durante la carrera todo estaba bajo control, pero de mitad en adelante comenzamos a subir el ritmo en vistas a que parecía que lo llevábamos bien. Es en ese momento cuando el cuerpo comienza a coger más temperatura y si al comienzo podría entrar algún resquicio de frió por el cuerpo, cuando aumentas el ritmo y las pulsaciones se aceleran te sientes como si tuvieras una estufa dentro, que aumenta o disminuye la intensidad en función de la velocidad que le imprimas al correr. Ayer fue una noche de mucho calor y no precisamente por la temperatura de la calle sino por la forma en la que conseguimos realizar el entrenamiento aumentando el ritmo progresivamente y terminando a 100, como ésta última entrada coincidiendo con las 100 entradas del blog. Seguiremos dando más guerra y escribiendo más entradas, gracias a la gente que seguis mis pasos leyendo este blog, os espero en nuevas publicaciones. Un saludo.

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