¿Alguna vez os ha pasado el estar corriendo durante una hora y no cruzarte con nadie? Pues eso es lo que yo he vivido en la salida de esta tarde. Tan solo dos personas al comienzo del trayecto con un chaleco reflectante cada una, parecían avisarme de que la tarde-noche iba a ser cerrada. Efectivamente, hoy ha sido uno de esos días en los que te encuentras con sensaciones contradictorias, por un lado parece que tienes toda la calle entera para tí, pero por otro, está la oscuridad que te va arrinconado en una esquina de la calzada y la carretera se te va haciendo cada vez más pequeña. Intentas buscar un poco de luz y aprovechas para coger un poco más de aire, es como si necesitaras sentirte en un lugar más seguro para reafirmarte de que sigues alli y que no te has dejado nada por el camino.Los animales de las fincas que salen a tu paso te recriminan que no es lugar por donde deberías pasar y hasta el sonido de una persiana cerrandose te aconseja que ya es hora de irse para casa. Parece que todos se alían con la luna para impedirte que continues tu camino, pero tú sin embargo, sigues impasible a todas esas señales queriendo terminar y cumplir con dignidad un día más.

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